jueves, 31 de mayo de 2007

Qué producción!

Sorprendido, anonadado, deslumbrado... no se me ocurren más calificativos!

En estos momentos en que un grupo de gente nos estamos dedicando a "jugar" alrededor de los recuerdos que nos generan los trenes, y mientras realizamos un viaje en un tren virtual a través de la web 2, nuestro maquinista ha decidido hacer una demostración de poder y creatividad superlativos.


Después de 24 años de ausencia, el escritor colombiano Gabriel García Márquez volvió ayer a Aracataca, su pueblo natal de calor agobiante en la región del Magdalena. Su regreso fue en el llamado Tren Amarillo de Macondo, en alusión al color que su imaginación concibió para Macondo, el centro del universo en Cien años de soledad , y en compañía de su mujer, Mercedes Barcha.

Tres vagones restaurados al estilo de los años 50 e impulsados por una locomotora de vapor salieron repletos de la bella ciudad de Santa Marta. Gabo , como lo conoce el mundo, subió a la formación vestido de blanco, en medio de un alboroto extraordinario, y al son de bailes y canciones tradicionales. El más notable escritor colombiano había estado en Aracataca en 1983, cuando llegó para celebrar el Premio Nobel de Literatura, que obtuvo en 1982.

(*) Publicado por el Diario La Nación el 31/05/2007

El pasajero

En realidad no se trata de un pasajero, este que aparece en el vídeo es el maquinista (uno de ellos) de este extraño tren que está transitando a través de la Web 2.

Y esta no es "una entrada más" que publico en este blog, sino una de la tareas que nos ha asignado como parte de este curso tan particular

martes, 29 de mayo de 2007

¿En qué estación se bajó?

A lo largo de estos días, subido al tren de la web2, estoy viviendo una serie de experiencias que me tienen maravillado.

El fluido intercambio de mensajes entre gente que no se conocía previamente, contando sus historias de trenes, y las cosas que Carlos y Cía. han puesto a nuestra disposición (vídeos, cuentos, y demás)... se han confabulado para que algunos recuerdos vinculados a los trenes se despertaran y me vinieran a acompañar.

Y así es que puedo contarles que mi vida ha estado, hasta hace unos años, muy vinculada al Sarmiento. Nací, me crié y, a pesar de varias mudanzas, siempre viví a la vera del ferrocarril, en Ituzaingó (de pie, que hablo del centro del universo). Debí habitarlo cada día durante cinco años para ir (y volver) al (del) secundario, y en años posteriores me llevó a seguir estudiando o a algún trabajo.

Fue mi mecedora en días de cansancio y sueño, mi sala de lectura antes de un examen. Cruza extraña de shopping y mercado persa; me proveyó varias cosas, inútiles en su mayoría...

Recuerdo a mi viejo yendo al trabajo y volviendo cada día, con una pilcha que hoy haría que lo miraran como a un marciano -y llevando algunos “accesorios”, reloj o traba de corbata, que hoy no le durarían ni dos minutos. Recuerdo que en aquellos tiempos, hace como 40 pirulos, uno de sus compañeros de viaje era el presidente de un banco... ¿Alguien se imagina al presidente de un banco, hoy, viajando en tren?

Es cierto que uno tiene la tendencia a idealizar, sobre todo si se trata de recuerdos de infancia, pero... ¿dónde está ese país?, ¿en qué estación se bajó?

domingo, 27 de mayo de 2007

Presentación

Hola

Se supone que debemos presentarnos contando alguna historia de un viaje en tren; y la verdad es que, si bien he pasado muchas horas de mi vida sobre trenes, pocas veces ha sido en grandes trayectos (lo mío ha sido, durante años, el duro viaje diario en el Sarmiento para ir a estudiar o a trabajar).
Se me ocurre contarles que alguna vez el viaje en tren me inspiró a escribir algo que podría ser denominado poesía (hace casi 20 años), así que solo me queda compartir dos de esas sensaciones con ustedes:


Estoy en este instante
como intruso en esa nave;
donde los unos viajan,
y los otros comercian.

Estoy perdido en un viaje,
tratando de recomponer,
aquello que fue pasado
y consumó en presente.

Estoy buscando un estado,
un tiempo y una actitud;
en que las horas pasen
resolviéndose en virtud.


La luna vigila mi andar.
Camino por el andén.
Plateada ilumina una historia,
no sé en beneficio de quién.

Mil personajes me observan,
inventados por Fellini;
y yo me siento un intruso ...
pasajero de algún tren.


(Tengan piedad, lo mío es la tecnología... )