domingo, 3 de junio de 2007

Spinetta

A propósito de las cosas de Spinetta que nos "regalaron" nuestros maquinistas, quise compartir este texto que escribí allá por 1985.

Una muchedumbre impresionante. Gente que va, que viene. Gritos. Ansiedad, mucha ansiedad. La sensación de que lo que se está por presenciar será un hecho milagroso, irrepetible. Más ansiedad, y de pronto ... la oscuridad.

Una explosión de júbilo. Nuevamente las luces, sólo que distintas y desde otro lugar; y la sensación de plena satisfacción y saciedad por el solo hecho de verlo sobre el escenario.

Paz, mucha paz. La imágen del profeta ante sus feligreses. Su voz y los acordes son un premio a la presencia. La música rindiendo culto a quienes rinden culto a la música. La perfección casi divina (¿o es que acaso ellos son títeres y Dios el titiritero?).

Ese hombre es un genio, un mito, un Artista (así, con mayúscula). Es el más grande poeta que jamás haya visto u oído.

A Luis Alberto Spinetta, lo que le corresponde
(Basado en la descripción de un cuadro de André Masson por Antonin Artaud)

No hay comentarios: