Hace, ya, mas de cien años, tres niños franceses quedaron huérfanos... dos mujeres y un varón. Fue a raíz de esta circunstancia que cruzaron el Atlántico con destino a la Argentina, para vivir con dos de sus tías que habían hecho ese camino algunos años antes.
Una de esas niñas, Marie Madelaine, se convertiría, muchos años después, en mi abuela paterna.
Crecí escuchando el relato de la muerte del único varón, Jean Guillaume, en la primera guerra mundial: la trágica historia de ese hombre que, ya viviendo en la Argentina, decidió volver a Francia para ofrendar su vida en defensa de su Patria.
Crecí escuchando, también, que en su pueblo natal había un monumento que recordaba su entrega; y me pregunté, más de una vez, si no sería algo que le habían hecho creer a mi abuela para apaciguar tanto dolor...
Tanto me marcó ese relato que fue, tal vez, determinante para que me presentara como voluntario en ocasión de "nuestra" guerra... la de Malvinas. Tenía, en ese entonces, su misma edad: 18 años; y, como dijo alguna vez Fito Páez "si de nada sirve vivir, buscás algo por qué morir..."
Hoy he tenido la oportunidad de desandar aquél camino... y aquí estoy, bajo la lluvia y la nieve, en un pequeñísimo pueblito de los Altos Pirineos llamado Bordes (a 150 kilómetros de Toulousse y a 11000 de mi casa...); observando ese monolito (la única cosa que puede ser catalogada como monumento en el pueblo) que recuerda a los hombres de Bordes que dieron su vida por Francia en ambas guerras mundiales y que, en el segundo lugar de la lista, tiene a ese chico de 18 años que en su corta vida perdió a sus padres, cruzó dos veces el Atlántico (en condiciones muy distintas de las que lo he hecho yo ahora), peleó una guerra y se convirtió en un héroe...
Jean Guillaume: mi respeto y mi admiración están contigo; y que hayas encontrado en la muerte la paz y el sociego que, intuyo, no tuviste en vida.
Una de esas niñas, Marie Madelaine, se convertiría, muchos años después, en mi abuela paterna.
Crecí escuchando el relato de la muerte del único varón, Jean Guillaume, en la primera guerra mundial: la trágica historia de ese hombre que, ya viviendo en la Argentina, decidió volver a Francia para ofrendar su vida en defensa de su Patria.
Crecí escuchando, también, que en su pueblo natal había un monumento que recordaba su entrega; y me pregunté, más de una vez, si no sería algo que le habían hecho creer a mi abuela para apaciguar tanto dolor...
Tanto me marcó ese relato que fue, tal vez, determinante para que me presentara como voluntario en ocasión de "nuestra" guerra... la de Malvinas. Tenía, en ese entonces, su misma edad: 18 años; y, como dijo alguna vez Fito Páez "si de nada sirve vivir, buscás algo por qué morir..."
Hoy he tenido la oportunidad de desandar aquél camino... y aquí estoy, bajo la lluvia y la nieve, en un pequeñísimo pueblito de los Altos Pirineos llamado Bordes (a 150 kilómetros de Toulousse y a 11000 de mi casa...); observando ese monolito (la única cosa que puede ser catalogada como monumento en el pueblo) que recuerda a los hombres de Bordes que dieron su vida por Francia en ambas guerras mundiales y que, en el segundo lugar de la lista, tiene a ese chico de 18 años que en su corta vida perdió a sus padres, cruzó dos veces el Atlántico (en condiciones muy distintas de las que lo he hecho yo ahora), peleó una guerra y se convirtió en un héroe...
Jean Guillaume: mi respeto y mi admiración están contigo; y que hayas encontrado en la muerte la paz y el sociego que, intuyo, no tuviste en vida.
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